
20♥
Me permito a mí misma ser como una "duracell". Con mis + y mis -.
Ella estaba sola y sin nada que perder. Con unas ganas imparables de susurrarle muy cerca o gritarle muy alto que escaparan juntos donde nadie les pudiera ver. Donde el Sol nunca se esconde, donde la luna siempre se ve. El vivía rápido, como escapando, como quejándose del tiempo…como esquivando cadenas y anillos, todo aquello que le ataba. No les unía nada, ni siquiera se conocían, pero ella desde siempre supo que quería estar con él. Porque cerraba los ojos y fantaseaba una historia de dos, donde todo era rosa y había diccionarios sin la palabra dolor. Por eso, por eso sabía lo que iba a hacer con él. Su mente la torturaba cada noche, solo por volverlo a ver. Que sus ojos se claven en los míos igual que lo hizo ayer, que su aliento se pare un instante, quiero volverlo a oler. Lo escribía bien fuerte: dame la mano. Hasta que el último papel que sobresalía del montoncito, calló al suelo. Lo agarró. Decidida a dar con él, se dispuso a correr calle abajo sin pensar el rumbo. Calle tras calle hasta que ahí estaba él esperando que llegara con la mano dispuesta a coger ese trozo de papel. Y se fueron juntos a comer con el Sol, a beber de la luna..
El corazón no entiende de porqués. El corazón no piensa, siente. Se deja llevar. Tu corazón manda sobre ti y cuando crees controlar su ritmo acelerado, se detiene para dar el gran cambio y giro de tu vida. Un corazón habla más que mil palabras y ni mil pensamientos pueden contra él. Todas las razones universales mueren cuando decide un corazón. Decide donde va y con quien se queda, incluso a veces descarta la posibilidad de volver. Pero el corazón te da vida, late por ti. Y por eso debes no intentar llevarle la contraria. Puede que sea tu corazón pero no queda tan claro que la parada donde se baje sea tu decisión.