martes, 2 de septiembre de 2008

Tuve el corazón partido y enfadado y el alma rota y llorosa como quejándose de ti.
Tuve los ojos hinchados, húmedos y ojerosos, tanto que decidí dar un giro a mi vida y tuve suerte. Sufría drogodependencia y tú no siempre estabas para saciar mi sed. Tenía que deshacerme de ti. Y lo hice. Y de ahí mi suerte. Y no sé si tú seguías mis pasos o al revés. A destiempo nos quisimos con la misma fuerza que nos odiamos. A la misma vez sabíamos que tarde o temprano íbamos a morir. Del tú y yo pasamos al tú o yo porque vivíamos juntos pero a la espera de ver quién de los dos iba a sobrevivir. En lo bueno y en lo malo fue increíblemente grande, demasiado para mí. Y tuve suerte y te perdí. Y ahora vivo llenándome de cosas que al fin y al cavo valdrán más que tu sufrir y el mío juntos. Aunque quede más por supuesto que el egoísmo que logré hizo calmar primero el mío. Y así fue. Gracias a mi tú estás así, con la misma o incluso mejor suerte que yo y deseándome lo mejor como recompensa por nacer en ti y quedarme en tus recuerdos.

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