El sonido del despertador ya no es el mismo. El tuyo se clavaba en mi cabeza dándome golpetazos de martillo mientras pensaba que aún me quedaban 4 horas por dormir. Y te odiaba tanto por un momento que ansiaba que te fueras al cole, a currar o a donde mierda fuera con tal de no oírte más, ni a ti, ni al agua de la ducha y del secador, ni a los golpes en el harmario.
La habitación no es la misma joder, aquí sólo hay una cama. Y aunque me descoloca abrir los ojos y ver a la derecha la ventana y a la izquierda el sofá verde, lo que no soporto es abrir los ojos y no ver tu cara de soñar con la boca abierta y las piernas como diciendo, esta cama es mía.
Ahora nadie me repite las cosas 5 veces en media hora, aquí no se oye eso de: dios noemi ayer con 3!, ni eso de: joder la noséquién me ha hecho la púa y a la quienséyo le ha pasado algo fuerte. Aquí sólo estamos mi voz y yo, ella me repite lo mucho que te echo de menos.
La habitación no es la misma joder, aquí sólo hay una cama. Y aunque me descoloca abrir los ojos y ver a la derecha la ventana y a la izquierda el sofá verde, lo que no soporto es abrir los ojos y no ver tu cara de soñar con la boca abierta y las piernas como diciendo, esta cama es mía.
Ahora nadie me repite las cosas 5 veces en media hora, aquí no se oye eso de: dios noemi ayer con 3!, ni eso de: joder la noséquién me ha hecho la púa y a la quienséyo le ha pasado algo fuerte. Aquí sólo estamos mi voz y yo, ella me repite lo mucho que te echo de menos.
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